Son las 9 am y vamos viajando con la familia desde San Pedro de Atacama a Calama. Desde que soy un niño vengo a estas tierras, mis raíces son de acá, soy Licanantai. Sin embargo nunca antes hice la reflexión sobre el abuso laboral que se sufre en estas tierras desiertas, rodeadas de sol, flechas, frío y vasijas.
Hace algunos días, sentados alrededor de la mesa, hablamos del 'Flaco' -uno de mis tíos más queridos- quien tiene severos daños hepáticos, pulmonares y físicos en general, todos generados por su alcoholismo, el cigarrillo y el abuso físico que le dio a su cuerpo.
Durante la conversación empecé a tener recuerdos respecto a su trabajo. Se levantaba a las 4 am. Su trabajo consistía en cortar el pasto, regar las eras, fabricar adobes o arar la tierra, todo a pulso, de sol a sol. Ejercía sus funciones para quien se lo pidiera, teniendo que caminar -en ocasiones- más de 10 kilómetros.
Al momento de terminar la jornada no le pagaban, simplemente tomaba su azadón, se lo cargaba al hombro y partía de vuelta. ¿Por qué no le pagaban? Es sencillo, su remuneración se consideraba el almuerzo y el vino que le daban, eso era todo.
Esta historia, que podría parecer lejana, sigue repitiéndose de formas más sutiles pero igualmente dañinas en muchos lugares de trabajo. Si estás viviendo una situación de abuso laboral, no dudes en contactarnos.
